
Durante estos 17 días en que los misioneros han pateado las subidas y bajadas de la villa, han tocado a puertas, han sido acogidos por sus gentes, han compartido la hospitalidad que les han ofrecido muchos son los rostros y nombres que guardamos en el corazón. No queda más que el agradecimiento a la acogida afectuosa castellana, al trabajo entre todos invertido para que Jesús sea más conocido, amado y seguido y a las ilusiones puestas para que continúe la Misión en el futuro. Las 12 asambleas han sido pequeñas comunidades que han compartído lo mejor de sus corazones.
Entre todos hemos ido alzando la cruz de Jesús para que esta ilumine a todos y su sombra sea bendición para todos. Después de ver el milagro del perdón, a través del cual una rama seca de almendro volvía a florecer, muchos se levantaron el sábado 12 respirándo un aire más fresco y con olor a fraternidad.
Sigamos abonando la escasa tierra que el Duratón va dejando en medio de la roca para que en ella crezca el Paraiso del Evangelio. Queda aún que hacer. Gracias y animo.
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