Durante la semana pasada en el
sector de la Paz, centramos nuestro trabajo en las celebraciones Misionales, en
las que hemos predicado sobre las columnas de nuestra fe (Jesucristo, Iglesia,
Sacramentos, Reconciliación y Compromiso). Tuvimos las reuniones con jóvenes y
parejas y matrimonios, visitamos los colegios de la zona y terminamos de
atender a enfermos y bendecir hogares. Por las mañanas, adelantándonos al sol, seguimos
celebrando las eucaristías, esta semana en torno a las Bienaventuranzas,
ilustradas cada una de ellas con el testimonio de un santo americano.
También la organización de los
misioneros tuvo ciertos reajustes: el P. Manuel C. se centró más en Pineda y yo
en Oro Verde; el domingo ante-pasado se incorporaron al equipo los PP.
Claretianos Salvador y Juan; el primero se quedó en la Comunidad de la Paz con
el P. Carlos y el segundo fue a Guaruma, donde comenzaban una misión de una
semana en las comunidades de Guaruma, Filadelfia y Roma. Pablo, se separó de su
esposa Ana (que quedó en la Paz junto a los PP. Juan y Carlos), y fue a
acompañar al P. Juan a esas comunidades, estableciendo su residencia en
Filadelfia. Por último, el P. Arsenio y Sergio quedaron en sus puestos en los
campos bananeros.
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Jovenes de Oro Verde |
Me gustaría destacar dos
experiencias de esta semana. La primera tiene que ver con el grupo juvenil de
Oro Verde. Un grupo de jóvenes formado por chicos y chicas de entre 12 y 17
años cuya almas son dos jóvenes de algo más de 20 años: Carlos y Grace. Me ha
impresionado su clara convicción de pertenencia a la Iglesia. Para todos ellos pertenecer a la Iglesia
católica es un gran regalo, una alegría y algo que configura tan
determinantemente sus vidas, que influye incluso en la toma de decisiones en
sus vidas. Por otra parte, para ellos la Iglesia no es una superestructura sino
que es la misma comunidad formada por ellos mismos: para estos jóvenes la
iglesia católica son ellos mismos. Pido a Dios que los ayude a seguir creciendo
en identidad cristiana, a ser grandes testigos del Evangelio y constructores de aquella comunidad cristiana
que poco a poco se está desarrollando.
La otra cosa que me gustaría
destacar es la ilusión vivida en la pequeña comunidad de Oro Verde. En número
éramos pocas personas. Pero se palpa la convicción de que es necesario que los
católicos de aquella colonia aún joven, se responsabilicen de la Comunidad
cristiana: en ella está el grupo juvenil, hay niños hambrientos de Evangelio,
que sin haber recibido los sacramentos de la Iniciación Cristiana participan ya
de las celebraciones de la Comunidad; en ella hay un grupo de familia, en los
que se despierta la conciencia de crecer como familias cristianas y participar
de los sacramentos; hay enfermos que necesitan la cercanía de la comunidad; han funcionado 6 Comunidades eclesiales de base
que han adquirido el compromiso de continuar reuniéndose una vez a la semana;
hay personas que se trasladan a vivir a la colonia y necesitan que se les acoja
y les indique donde se encuentra la iglesia católica; por último hay personas
indiferentes o frías religiosamente a los que se pueden invitar a la comunidad.
Ha sido bonito descubrir como se ha ido despertando en la comunidad cristiana
la necesidad de asumir responsabilidades para que ésta se convierta en adulta.
Gracias Comunidad de Oro Verde
por vuestra acogida y testimonio de una fe vivía que está creciendo y desarrollándose.
De este primer periodo de misión
me gustaría destacar también la acogida hondureña. La gente es muy acogedora, y
aunque sus hogares sean pequeños, hacen hueco para acogernos. Durante estas dos
semanas me han acogido en la Comunidad de la Paz en el hogar de la familia de
Don Toño Padilla, donde su hija Carmen se ha desvivido por hacer de ese hogar
mi mismo hogar. Gracias sinceras Carmen, Don Toño, Michel y Mª Cruz por todas
sus atenciones, y sobre todo por haberme sentido entre ustedes como en mi
propia casa. Y gracias sinceras a la ayuda de los laicos de aquel sector, y
especialmente a quienes me acompañaron en Oro Verde y Campodos: Angelina con su
coche, Norma, Mirsa, Carmen y Pati.
Concluimos en aquel secor con la
celebración y procesión del Corpus Christi, y por la tarde nos trasladamos a
este sector de La Mesa, en la Lima vieja, donde me encuentro ahora; aquí también
comenzamos la misión siguiendo a Jesucristo Eucaristía que nos precedió por
estas calles.